Se habla español — y eso cambia la conversación

Se habla español — y eso cambia la conversación

El propietario de un negocio puede hablar inglés lo suficientemente bien como para atender a sus clientes, dirigir a sus empleados, negociar con proveedores y resolver las exigencias cotidianas de la empresa. Eso no significa necesariamente que el inglés sea el idioma en el que pueda explicar con mayor facilidad cómo se desarrolló el negocio, por qué tomó ciertas decisiones, qué ha cambiado con el tiempo o qué necesita comprender un posible comprador.

La venta de un negocio exige conversaciones excepcionalmente detalladas. Es necesario hablar con precisión sobre el desempeño financiero, las responsabilidades del propietario, el personal, las relaciones con los clientes, las obligaciones del contrato de arrendamiento, el equipo, la competencia y los años de historia de la empresa.

Cuando el propietario tiene que traducir simultáneamente esos pensamientos a un segundo idioma, la conversación requiere un esfuerzo adicional. Incluso una persona que se comunica bien en inglés puede estar escuchando en un idioma, traduciendo mentalmente, formulando una respuesta y luego traduciendo esa respuesta de nuevo al inglés.

Eso crea fricción precisamente en el momento en que más importan la claridad y los matices.

El idioma influye en mucho más que las palabras

Cuando las personas pueden hablar en el idioma que les resulta más natural, suelen hacer mucho más que responder directamente a una pregunta. Explican. Aclaran. Proporcionan contexto y recuerdan ejemplos.

Una pregunta sobre una disminución en los ingresos puede llevar a una conversación sobre la salida de un empleado, un cambio en el vecindario o la pérdida de un cliente de muchos años. Una conversación sobre las responsabilidades del propietario puede revelar prácticas informales que nunca aparecieron en una descripción de puesto. Una pregunta sobre oportunidades de crecimiento puede sacar a la luz ideas que el propietario ha considerado durante años, pero que nunca había intentado expresar en inglés.

Esos detalles nos ayudan a comprender cómo funciona realmente la empresa. También nos permiten distinguir entre un acontecimiento aislado y un problema persistente, o entre una oportunidad real y una idea que todavía no se ha puesto a prueba.

Sentirse cómodo con el idioma también facilita que el propietario pueda decir: “No entiendo”, hacer otra pregunta o corregir algo que se ha interpretado mal. Esos momentos son importantes durante la venta de un negocio. Una conversación puede parecer fluida, aunque uno de los participantes tenga dificultades para seguirla o no encuentre las palabras necesarias para cuestionar una suposición.

Mucho más que traducir

Carlos domina tanto el español como el inglés. Esto significa que puede mantener toda la conversación directamente en español con los propietarios que se sienten más cómodos hablando en ese idioma.

No se limita a traducir palabras aisladas entre dos personas. Puede hablar sobre estados financieros, valuación, expectativas de los compradores, financiamiento y el proceso de la transacción en cualquiera de los dos idiomas, sin perder de vista el contenido y la importancia de la conversación.

Esa diferencia importa.

La terminología empresarial no siempre se traduce de manera exacta. Tampoco se traducen fácilmente el humor, las dudas, las dinámicas familiares o toda la historia contenida en la relación entre el propietario y su empresa. Entender las palabras es solo una parte de comprender lo que alguien realmente desea comunicar.

Cuando el propietario puede expresarse libremente, las anécdotas surgen con mayor naturalidad y es menos probable que se pierdan los matices. El propietario puede contar mejor la historia de su empresa y nosotros podemos identificar con mayor claridad las preguntas que aún necesitan respuesta.

Para representar bien un negocio, primero hay que comprenderlo

No podemos representar adecuadamente un negocio sin comprenderlo primero. Los estados financieros proporcionan una parte de esa información, pero rara vez cuentan toda la historia.

También necesitamos saber qué funciones desempeña el propietario, cómo se mantienen las relaciones con los clientes, por qué cambiaron ciertos gastos, dónde es vulnerable la empresa y qué le ha permitido tener éxito. Necesitamos suficiente contexto para explicar el negocio a los compradores sin simplificarlo demasiado ni hacer afirmaciones que los registros financieros no puedan respaldar.

Ese proceso depende de una comunicación abierta y detallada.

Para muchos propietarios hispanohablantes, la posibilidad de mantener esas conversaciones en español no es simplemente una cortesía. Elimina una dificultad innecesaria de un proceso que ya es complicado. Permite analizar las preguntas con mayor profundidad y da a los propietarios más confianza de que han sido comprendidos.

Vender un negocio ya es suficientemente complicado. Los propietarios no deberían tener que traducir cada pensamiento antes de poder contarnos lo que necesitamos saber.